miércoles, 30 de julio de 2014

Príncipe busca princesa

PRÍNCIPE BUSCA PRINCESA 
Por Jomar Cristobal

“…Visitó bares, bailó cuanta melodía escuchó, bebió hasta emborracharse y pasó la noche con un desconocido en un hotel de Cumming. Rapunzel se había dado cuenta de que el maravilloso cuento de hadas recién lo había comenzado a vivir lejos de su castillo…”

          Príncipe busca princesa nos presenta un conjunto de microrrelatos basados en los cuentos infantiles clásicos con una matiz lúdica, es decir, relatos breves con personajes netamente antagónicos que cambian, en los textos, el sentido clásico e infantil. Asimismo, las princesas, Caperucita, la bruja, el lobo, el sapo, el príncipe y los duendes, en esta obra, presentan funciones distintas con rasgos de antihéroe, características de ser humanizados, siendo factor encantador y mágico para el lector posmoderno.
            Lorena Díaz Meza propone con Príncipe busca princesa una lectura de crítica  hacia los ideales que por siglos anteriores han servido de sustento para los conceptos de cómo vivir y pensar, ya que, los textos originales fueron creados para educar y moldear las actitudes de los jóvenes en su contexto original; sin embargo, con su prosa desestructura los paradigma, parodiando indirectamente, a los escritores consagrados.
          ¿Desde cuándo las princesas dejaron de ser princesas? Desde que el lobo le tuvo miedo a Caperucita, y Rapunzel se cansó de tener una vida idealizada. En Príncipe busca princesa hallaremos una nueva versión de los cuentos clásicos infantiles.
            “El rol de la mujer y del príncipe azul trato de ironizarlos, mostrar un punto de vista donde ya nadie es lo que parece, donde la historia ha entregado prejuicios y dotes a ciertos personajes y estereotipos, que nadie puede sacar y donde muchos se esconden para hacer sus fechorías o, en otros casos, deben cargar con la cruz.”


Algunas microficciones de la autora:


Para no verte mejor

El lobo se escondió en la casa de la abuela y se disfrazó para que Caperucita no lo encontrara. La pequeña golpeó, pero nadie abrió. De un empujó pudo romper la cerradura y entrar, sacó un cuchillo del canasto y partió el vientre de la fiera en dos. Con su piel se hizo una nueva capa, más abrigadora. A Caperucita le gusta ir por el bosque cambiándose de camino; ella sabe que el cuento ya está escrito.


Cuestión de gustos

Pasada la medianoche y acabado el hechizo, a Cenicienta no le gusta que le pongan los zapatos: prefiere que se los saquen.


Madrastra

Llegó al bar y se encontró con el lobo y la bruja sentados en la última mesa, en medio de una nube de humo. Junto a ellos lloró sus penas; no era fácil ir de madrastra por la vida. Los otros la compadecieron y contaron de sus amarguras para subirle el ánimo: el lobo hacía muy poco que salió de prisión por un delito que no cometió y ahora no encuentra trabajo en ninguna parte, la bruja lee el tarot en una calle céntrica de la ciudad; gana poco pero le alcanza para vivir.
Ya de vuelta en casa, la madrastra pasó en silencio a su dormitorio. Observó el cuarto matrimonial y tuvo ganas de emborracharse de nuevo: abrazados, sin capa ni corona, el rey dormía junto a Blanca Nieves.


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Fotografías de lanzamiento (Primera edición) en Chile.                                                                                                                                      

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